La leprosería abandonada de Abona
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Etiquetas: Historicos, militar
El siguiente abandono es un abandono “con trampa”. Ciertamente el lugar está en desuso, pero en realidad no está abandonado, ya que se encuentra parcialmente restaurado y rehabilitado como atracción turística.
La batería costera de Castillitos es uno de los emplazamientos artilleros de costa que rodean la ciudad costera de Cartagena, y probablemente uno de los más importantes. Se empezó a construir en 1933 y estuvo terminada casi por completo en el 36, coincidiendo con la Guerra Civil. En aquella época los cañones eran plenamente operativos salvo por la falta de una dirección de tiro operativa, que no fue construida hasta terminada la guerra.
Las instalaciones estuvieron en uso hasta 1994, momento en el que fueron abandonadas y vandalizadas. Por suerte se llevó a cabo una restauración bastante completa y a fecha de hoy es posible visitar el lugar con garantías de que ningún suelo se te va a hundir al paso.
El nombre de Castillitos le viene que ni pintado al lugar, ya que las edificaciones que componen la batería fueron construidas usando piedra y con numerosas torres y almenas que le dan ese aspecto de pequeño castillo medieval.
Lo más impresionante del lugar son los dos cañones Vickers de 381mm, capaces de lanzar proyectiles de poco menos de 40cm de diámetro y el peso de un Seat 600 a casi 35 km. de distancia. A fecha de hoy los dos cañones están pintados de negro, lo que junto con su colosal tamaño les da un aspecto decididamente amenazador.
Al fondo de la imagen aparece la dirección de tiro que servía para localizar y medir las distancias, trayectorias y velocidades de los barcos objetivo, y dar las ordenes de dirección y elevación de los cañones para el disparo.
Desde ella, en posición elevada, se tiene una inmejorable vista de los cañones y el área de alcance de los mismos. Ciertamente debía de ser impresionante y ensordecedor ver disparara a semejantes bichos desde ahí arriba.
En las paredes interiores de la dirección de tiro encontramos los dibujos de las siluetas de distintos navíos organizados por nacionalidades. Debía ser una forma rápida de comprobar a quien estabas apuntando, además de servir como referencia para calcular a que velocidad y como de rápido podían virar los blancos.
Sin embargo, lo más curioso de estos cañones es lo que no se ve a simple vista. A pesar de su impresionante tamaño, el carenado del cañón apenas levanta un par de metros sobre la superficie. No es demasiado para un cañón que mide algo menos de 20 metros de largo.
Resulta sorprendente descubrir que la maquinaria del cañón se extiende dos pisos hacia abajo.
Lo primero que encontramos fueron los almacenes de munición. Las puertas de persiana estaban destrozadas, y dentro sólo quedaban viejas estanterías oxidadas donde se guardaban los proyectiles. Justo tras la puerta se observaba un curioso sistema de raíles suspendidos para transportar los pesadísimos proyectiles perforantes de 885 kilogramos hasta el cañón.
Este es el eje del cañón. Todo esto giraba usando sistemas hidráulicos. En el centro se observa lo que queda de lo que parece un sistema para subir o bajar munición, aunque no nos quedó claro si servía para subir los proyectiles o bien para recuperar las vainas de los proyectiles. Teniendo en cuenta que este mastodonte era capaz de realizar un disparo cada 60 segundos, la actividad en toda la zona debía ser un auténtico espectáculo.
La sala de máquinas se encontraba justo al otro lado. Aún hoy se conservan gran parte de los motores que servían para impulsar el líquido hidráulico necesario para mover las más de 100 toneladas del conjunto. También se podían ver los sistemas de ventilación y filtros de aire para mantener el lugar habitable.
A pesar de estar parcialmente desmantelados (faltaban bastantes piezas aquí y allá), el estado de la maquinaria era sorprendentemente bueno a pesar de los años de abandono. Las bombas y compresores aún conservan la pintura en buen estado.
Una planta más arriba se encontraba el eje que servía para cambiar la elevación del cañón. La altura hasta la plataforma superior era de algo más de dos metros, lo que sirve para hacerse una idea del tamaño del lugar. Encontramos bastantes desperdicios y botellas vacías allí. Resulta un sitio cuanto menos curioso para hacer botellón, sobre todo porque el sitio se encuentra totalmente a oscuras.
Una planta más arriba se llega a la base del cañón. Allí se podía ver en la pared una regla graduada en grados para poder saber hacia donde estaba orientado el cañón. Por allí se filtraba algo de luz por pequeños agujeros y juntas del cañón, bastante como para poder moverse en la penumbra, pero totalmente insuficiente como para hacer fotos sin la ayuda de la linterna.
Esto es el cañón, visto desde su parte trasera. El “tapón” que se ve arriba es la puerta que se utilizaba para cargar la munición en el arma. Por las pintadas se deducía que debía de haber forma de subir a nivel del suelo (pero dentro del cañón), pero no dimos con ella. Además, el calor sofocante dentro de aquel sitio y el poco sitio para moverse y colocar los trípodes no daban mucho juego para las fotos, así que decidimos salir de allí rápidamente.
El resto de los túneles y habitaciones en el interior del emplazamiento eran curiosos, pero desgraciadamente apenas quedaba algo más que paredes de hormigón y algún resto de cableado eléctrico oxidado aquí y allá. Interesante para ver, pero con poco interés fotográfico, especialmente sumado a la ausencia casi total de luz.
En cuanto al resto de las edificaciones, poco más de lo mismo. Apenas algunos carteles sobre las puertas servían para hacerse una idea del uso que tuvieron las estancias en su día, salvo por algunos indicios difíciles de ver, como restos de soportes de hormigón para maquinaria, o raíles para transportar vagonetas en algunos suelos.
Con la caída del sol nos dirigimos de vuelta al coche. Resulta curioso como una visita que se planteaba poco más o menos como turística al final acabó siendo tan fructífera fotográficamente. Y pocas veces en la vida puede uno decir que ha estado husmeando en las tripas de semejantes colosos de guerra.
Para los que quieran ir a verlo, comentar que se puede llegar sin problemas en coche, aunque la carretera es estrecha y sinuosa. Es una visita recomendable para cualquiera con curiosidad. Os dejo la localización en Google Maps. En el modo de foto aérea se pueden observar los cañones perfectamente
El lugar se encuentra restaurado y vigilado con cámaras, aunque en principio se puede deambular por allí sin restricciones, aunque conviene tener cuidado al asomarse por el acantilado, como los carteles indican.
Salu2!
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Al día siguiente volvimos a salir en busca de otro abandono que nos había referenciado nuestro amigo holandés Barje. Por desgracia, este hombre aún usa medios “analógicos” para localizar los lugares, así que en vez de coordenadas teníamos solo el nombre de un pueblo y la descripción de “cuartel ruso”.
Tras dar unas cuantas vueltas dimos con lo que supusimos que eras el lugar. Desde fuera llamaba bastante la atención el edificio principal, con una enorme estrella, que en su día debió ser roja, en su parte superior.
Las instalaciones consistían en varios edificios alargados conectados entre sí por pasarelas cubiertas.
El edificio principal fue el que exploramos en mayor detalle. La estructura de todos los pisos eran muy similares. La zona central tenía habitaciones más pequeñas, además de las escaleras principales. Probablemente fueran despachos o similares. En los extremos se encontraban habitaciones enormes, totalmente vacías salvo por las columnas del edificio. Por último, en las esquinas había varias habitaciones más pequeñas, además de servicios y duchas.
En algunos casos las habitaciones grandes parecían acondicionadas como gimnasios o algo así. Tenían grandes ventanales y abundante luz. Tal vez fueran aulas o algo parecido.
Los sótanos eran bastante grandes y encontramos algunas cosas interesantes. Quizá lo más destacado fueran grandes láminas, todas ellas refiriéndose a diferentes modelos de camiones de transporte militares, con abundantes instrucciones gráficas sobre sus componentes mecánicos y utilización. En un principio esto nos hizo pensar que se podría tratar de una base logística. Sin embargo, la falta de edificios de almacenaje o garajes para los camiones nos hizo desechar la idea. Puede que fueran sólo cuarteles para tropa, con zonas de formación para mecánicos militares y otras especialidades.
Curiosamente, al contrario que en otros edificios similares, gran parte de los niveles inferiores de los sótanos, en concreto la sala de máquinas, estaban totalmente inundados. El reflejo del agua totalmente en calma le daba un aspecto realmente curioso. A primera vista parecía más una niebla densa más que líquido.
Alguna de la habitaciones de los pisos superiores parecían indudablemente dormitorios. En la pared de uno de ellos encontramos recortes de revistas de moda. Desde luego resultaba curioso ver los recortes: un hombre y varias mujeres, y todos vestidos. También es curioso ver que el papel de revista resiste bastante mejor el paso del tiempo que el ya habitual papel pintado ruso, hecho con periódicos viejos.
Otras de las habitaciones tenían pintadas en ruso aquí y allá, escudos, lemas, incluso murales con escenas militares, con tanques y puestos de ametralladora dibujados. También encontramos un mapa de Europa, aunque no tan grande como el de la base de tanques, aunque con más detalles de ciudades. La zona de la península tenía todas las capitales de provincia y pueblos importantes.
En una habitación cercana al montacargas encontramos el único resto de mobiliario en todo el edificio. Esta lámpara estaba en lo que debió ser una pequeña oficina que tenía un mostrador parecido a las taquillas de billetes de los trenes. Los cristales estaban pintados y tapados, así que la escasísima luz que había en la habitación provenía de la puerta abierta. Para hacer la foto tuve que iluminar con la linterna.
En los niveles superiores encontramos varias canchas de baloncesto, con grandes focos en los techos inclinados siguiendo la forma puntiaguda del tejado. El baloncesto allí debió de ser un juego peligroso, ya que el techo llegaba hasta el suelo en los laterales. Probablemente más de un descalabro debió darse allí al retroceder hacia la banda sin acordarse de que el techo llegaba al suelo.
En una de las escaleras encontré algo curioso. Tenían el aspecto de lonchas de pan de molde bastante marrones y endurecidas. Podrían haber sido de algún “okupa” o excursionista de no ser por un detalle: parte de ellas aún estaban envueltas en papel marrón similar al usado para envolver los paquetes en correos, con sellos e inscripciones en ruso. Evidentemente no se me ocurrió probarlo, pero como proyectil arrojadizo tenía cierta utilidad aún. En la foto se puede ver el cartón que los envolvía en la esquina superior izquierda de la imagen.
Los edificios traseros parecían más de servicio. Aquí encontramos varias habitaciones que debieron ser cocinas y lavanderías, por los azulejos de las paredes y el suelo. Tampoco quedaba maquinaria alguna ni mobiliario. Lo más parecido que encontramos fue este extractor, que ahora sólo giraba por la fuerza del viento.
Aquí, los sótanos estaban totalmente inundados, con el nivel del agua bastante más arriba que en el otro edificio. Aquí ni siquiera se podía plantear uno echar un vistazo. Al menos sin un traje de neopreno y un buen montón de vacunas previas.
Estos edificios estaban bastante más destrozados que el primero. Más pintadas y más muros rotos. Encontramos bastantes bolas de airsoft también. Supongo que el hecho de estar más ocultos de la vista desde la carretera los hacían más susceptibles a estas cosas.
La visita fue de lo más entretenida, aunque no tan exhaustiva como hubiéramos querido. Desgraciadamente la falta de tiempo y el cansancio acumulado empezaban a hacer mella, así que dejamos sin visitar bastantes zonas del lugar. De cualquier manera, lo cierto es que los edificios eran bastante similares entre si, y en algunos momentos uno pensaba que ya había pasado por la mayor parte de las habitaciones y escaleras.
Como colofón, os dejo una foto que tomé allí. Alguien había dejado tiradas un montón de piezas de ajedrez en un pasillo. No sé si alguien se dedicaría a jugar allí, apartado del mundanal ruido, pero el resultado fotográfico que daban, allí tiradas, era estupendo.
Salu2!
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