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20.12.11

Coches ferroviarios abandonados

Cerca del poblado anterior encontramos un par de coches ferroviarios (que no vagones, como me comentaban aquí ).

Lo cierto es que estaban bastante hechos polvo, con destrozos por todas partes y pintadas variadas, pero aún así siguen siendo abandonos, y de los curiosos. ¿Por qué se deja material ferroviario relativamente moderno en una vía muerta sin vigilancia alguna? Es en las cocheras, donde hay vallas y vigilancia, y ya aparecen los pobres pintarrajeados… En sitios como este los resultados saltan a la vista.



Uno de los coches era un primera clase, con asientos amplios y cómodos, y una pequeña barra de bar.



El otro era un clase turista habitual, con asientos en filas, con la salvedad de que la práctica totalidad de las butacas habían sido retiradas, salvo un par de ellas al fondo del todo.



A pesar de los destrozos el cuarto de baño aún estaba bastante entero, y curiosamente sin rastro de pintadas.



Una entrada cortita y con pocas fotos, que sirve de colofón a un par de días de abandonos con Mr. Nano de lo más fructíferos. Para los que quieran ver su “versión” de estos sitios que vimos juntos, pueden pinchar aquí.

Dentro de un par de semanas tocará entrada palaciega.

Salu2!

20.5.09

Cementerio de locomotoras en Bélgica

Y volvemos a dar otra vuelta de tuerca al tema ferroviario. Esta vez se trata de unos viejos talleres donde antaño se realizaba el mantenimiento de las locomotoras diesel de los ferrocarriles belgas, y que hoy sirve como morada de un buen número de estas.

Tras el madrugón de rigor, que parece que vuelos baratos y a horas razonables son conceptos incompatibles, llegamos al pequeño aeropuerto de Charleroi, donde no estaban esperando Mr. Stewie y la Srta. Dafy, que habían llegado la víspera.

Unos cuantos km. de viaje nos llevaron hasta el aparcamiento de un supermercado bastante animado para lo temprano de la hora. Más sorprendente aún pensar que un sitio abandonado estuviera pegando casi pared con pared a casas habitadas, y que el sitio no estuviera hecho pedazos.

La primera sorpresa del día fue una enorme excavadora trabajando en la entrada principal levantando gran cantidad de tierra. Unas oficinas portátiles y un montón de coches aparcados detrás indicaban que el sitio no está tan abandonado como yo pensaba, lo que explicaría en buena parte que se mantenga en tan buen estado.

Un pequeño rodeo y una alambrada caída nos llevarían al interior de la enorme nave de color gris oscuro, que contrastaba como una herida mal curada entre la verde vegetación que la rodeaba. Techos altos, luz escasa y algunos escombros aquí y allá. Pocas pintadas y un viejo sofá tirado.
Como banda sonora, el ruido de la excavadora trabajando a unos pocos metros más allá de donde estábamos.



Justo al otro lado del primer muro apareció la primera de la muchas locomotoras que descansan allí. Grande, cuadrada, silenciosa y pintada en colores amarillo y verde, como el resto de sus compañeras.



Lo más impresionante es que tras ella, se encontraban una decena de hermanas gemelas, una tras otra, en una cola que llegaba a salir del edificio por una de las enormes puertas.




En aquel momento ya cada uno había ido por su lado y sólo nos encontrábamos de vez en cuando mientras hacíamos fotos a aquellos gigantes agazapados en las sombras.

El material ferroviario se encontraba en bastante buen estado, aunque algunas chapas mostraban heridas de óxido en su pintura y algunos faros rotos por desaprensivos, pero el aspecto en general era de que podrían volver a echar a andar sin demasiado problema.



Las cabinas estaban abiertas y se podía curiosear a placer. Resultaba sorprendente lo escuetos que resultaban los mandos para manejar algo tan grande y pesado. Curiosamente, la mayoría de los puestos de conducción habían perdido los asientos del maquinista.



En total distinguí tres modelos de máquinas. La más antigua parecía esta, de aspecto cuadrado y con la cabina situada en la parte trasera de la máquina. Su cabina es la que aparece en la imagen anterior.



El segundo modelo tenía un aspecto más moderno, con la cabina situada en el frente de la máquina y los faros en ángulo.




Curiosamente todas las unidades de este modelo estaban situadas en el exterior de la nave. En este caso encontré algunas máquinas con los puestos de conducción más o menos intactos, con su asiento en su lugar correspondiente.





El panel de mandos de estás máquinas era bastante más complejo que en la anteriores, aunque el número de mandos e indicadores distaba mucho de ser impresionante.





Lo que sí impresionaba era la enorme maquinaria encargada de generar, a partir del combustible diesel, la electricidad necesaria para mover los motores de las ruedas. Haber visto toda esta maquinaria en funcionamiento debía ser aún más impresionante.



El tercer modelo, de aspecto más actual, era este. No había más que unas pocas de este tipo.



Los motores tenían un aspecto mucho más “compacto”, sin tanto cable y tubos a la vista como en el modelo más antiguo.



En la zona exterior las máquinas se encontraban rodeadas de maleza hasta el punto de que resultaba difícil pasar de una vía a otra, o incluso andar junto a ellas.



Sin embargo, la zona de vías más vacía era la más limpia. Allí estaba esta larga fila de locomotoras del modelo más antiguo. Es posible que estas vías aún se usen de vez en cuando como aparcamiento de la terminal de carga situada cerca de estos talleres, y que aún está en funcionamiento.



De que estaba en funcionamiento me di cuenta cuando iba a hacer esta toma, ya que de repente empecé a ver bastante movimiento de gente y coches a pocos metros, tras lo que me di la vuelta discretamente y volví hacia la nave.



Aparte del hangar principal pocas cosas interesantes había. En dos de los lados del cuadrado había habitaciones, pero estaban totalmente vacías, excepto por unos servicios totalmente destrozados de los que apenas quedaba algún sanitario y un sótano con un par de calderas viejas, pero sin luz alguna. Lo único que me pareció interesante fue esta vieja pizarra donde tomarían notas sobre las reparaciones. La foto está tomada desde el hangar a través de lo que quedaba de la ventana, que era poco más que el agujero.




En la separación entre dos áreas del hangar había también una pequeña habitación acristalada, con algunas ventanillas. Probablemente fuera el despacho del jefe de taller, ya que desde sus cristales se podía observar la mayor parte de la zona de vías, siempre que alguna máquina no tapase la visión. Ahora la mayor parte de los cristales están rotos o prácticamente opacos por el polvo.



En cierto momento apareció por allí lo que parecía un operario, con mono de trabajo y un chaleco reflectante parecido al que es obligatorio tener en los coches. Cuando lo vi me escabullí discretamente entre las máquinas, pero Mr. Stewie, que aparte de hablar francés es una de esas personas capaces de venderle arena a un beduino se puso a hablar con él. Lejos de echarle la bronca estuvo un rato hablándole de los distintos modelos de locomotoras y sobre las obras. Al parecer el edificio (o las máquinas, que no quedó muy claro) lleva tiempo vendido, pero no se sabe cual va a ser su futuro.




También comentó que la mayoría de estas máquinas llegaron hasta donde hoy reposan usando sus propios motores, y que habían sido retiradas por “simples”. Al parecer los nuevos modelos están controlados totalmente por ordenador, de modo que estas viejas damas, dependientes totalmente de su conductor, quedaron obsoletas. Supongo que la eficiencia energética y el mantenimiento debió también de tener algo que ver en esto, ya que por muy caro que sea instalar un sistema informático en estos mastodontes no creo que lo sea más que construir otro desde cero.



No sabemos que les deparará el destino a estos dinosaurios de la vía. Esperemos que Chicago, Barracuda, Condor y sus compañeras sigan mucho tiempo como testigos del paso del tiempo.


Enlaces:
- Un post sobre el lugar del Sr. Umpi en Última Visita, que estuvo junto a Stewie en este lugar el año pasado. Resulta curioso ver que las locomotoras apenas han cambiado en un año, mientras que las habitaciones periféricas han perdido todo su mobiliario.
- Más antiguo, pero tanto o más interesante, otro post en castellano sobre el cementerio en Forbidden Places. Mr. Stewie dejó allí un comentario de lo más revelador sobre los modelos de locomotora.
- Más moderno, de hecho, tan moderno como que la visita es la misma que la mía, el post de Abandonado a su suerte. Lo más curioso es ver el mismo escenario, y a veces casi la misma foto, desde otro punto de vista.

Salu2!

16.4.09

La estación abandonada de Principe Pío

Curiosamente, la antigua estación del Norte sigue en uso con su propósito original: estación de ferrocarril. Algo venida a menos, porque de ella sólo parten trenes de corto recorrido, aunque a cambio también es estación de metro y autobuses y un enorme centro comercial. Sin embargo, una parte de ella, quizá la más impresionante, se encuentra hasta la fecha en desuso.

La estación fue construida en 1861 por la desaparecida Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España. En un principio sólo dio servicio a la línea Madrid-El Escorial, que iría ampliandose con el tiempo hasta Irún. Posteriormente, en 1882, se inauguraron las instalaciones destinadas a viajeros. Sin embargo, el edificio principal, perpendicular a los andenes, no se construyó hasta 1928.

Tras la Guerra Civil la estación fue reconstruida de los daños ocasionados por los combates, esta vez de mano de la nueva compañía ferroviaria estatal: RENFE. Funcionó como estación secundaria de Madrid, por detrás de la de Atocha, hasta la construcción de la nueva estación de Chamartín en 1967, que tomó el relevo para todas las líneas de larga distancia, quedando relegada a estación de cercanías.

En la década de los 90 la estación fue cerrada definitivamente para sufrir la importante remodelación que la convertiría en lo que se puede ver hoy en día.

Sin embargo, el edificio del extremo siguió en el mismo estado que antaño. Los planes de reutilización hablan de convertirlo en espacio para las artes escénicas, aunque a día de hoy sigue cerrado y sin uso.

Precisamente ese edificio sin uso fue el que visitamos hace ya más de dos años. Por aquel entonces Abandonalia apenas era un pequeño blog donde colgaba algunas fotos de sitios abandonados y que no interesaba a casi nadie. Tampoco conocía a mucha gente que ahora se dedica a esto, así que me apunté a una “quedada” de Flickr para ver la estación por dentro.

Lo más divertido es que de una quedada que se preveía concurrida, al final aparecimos en el lugar de reunión cuatro gatos. En realidad, ni siquiera éramos cuatro. Sólo eramos una chica que había conocido no hace mucho en mi visita al matadero de Villaviciosa y que con el tiempo se ha convertido en compañera de abandonos y amiga. Así que viendo el plantel (o plantón, según se vea) decidimos probar suerte a ver que pasaba.

Por cierto, que por aquellos días estrenaba la réflex que aún hoy utilizo, y ni siquiera tenía un triste trípode por aquellas fechas. Hasta tiraba en modo automático casi todo el tiempo, de modo que una gran parte de las fotos salieron mal, ya sea movidas por la falta de luz o algo desenfocadas. Sin embargo, las que se salvaron, siguen siendo algunas de mis favoritas.

Entrar fue lo más fácil del mundo. Bastó con poner cara de “yo me paso la vida por aquí” y tener la suerte de que al puerta de la torre izquierda estaba abierta de par en par.

Aun así, resultó bastante inquietante por la cantidad de coches allí aparcados y unas oficinas de esas tipo contenedor situadas en la puerta. Cuando pasamos nosotros no había ni dios a la vista, así que fuimos bordeando la valla derecha como quien va a un coche y entramos por la puerta grande. Literalmente. Al pie de la torre oeste había una puerta abierta que conducía a la zona nueva de la estación, hasta unas escaleras metálicas de aspecto moderno,

A la derecha quedaba el vestíbulo principal de la estación. Al fondo vimos a alguien recogiendo cosas del suelo, aunque por la distancia era difícil saber que hacía exactamente, aunque por el aspecto no era un trabajador ni nadie de quien preocuparse.



Aún así nos dedicamos a explorar el edificio este. Escaleras arriba se conservaba aún un viejo ascensor de madera en bastante buen estado, de esos que se instalaban en los huecos de escalera de las casas antiguas. También encontramos otro ascensor, pero este más moderno y encastrado en las paredes del edificio. Como el de cualquier casa actual, vamos.




La mayoría de las habitaciones de la zona estaban forradas de madera y estaban en bastante mal estado. Apenas quedaba mobiliario alguno.

En la zona superior encontramos el acceso al tejado de la nueva estación. La estructura metálica era la que sujeta los nuevos tejados del metro y el área comercial.



Resultaba curioso ver por las ventanas las calles bulliciosas desde este sitio tan tranquilo…

Justo antes de esta zona encontramos la escalera a la cúpula este. Llevaba a una curiosa habitación diáfana pintada de azul con una escalera de caracol.



En la habitación azul encontramos la maquinaria de los viejos ascensores.

También se podía acceder a las terrazas, aunque nos habían comentado que no era buena idea asomarse mucho por allí, por lo que apenas nos asomamos un poco.

La escalera de caracol llegaba a la zona de la cúpula, con un curioso entramado de vigas de metal que la sujetaban y mantenían firme.

Tras explorar el edificio este bajamos de nuevo al vestíbulo de la estación. Esta vez estaba desierto salvo por alguna paloma huidiza.

El aspecto del vestíbulo principal es impresionante. Un espacio diáfano mayor que un campo de fútbol, de casi 4 plantas de altura coronado por una de esas viejas cubiertas de estación tan bonitas.

La parte este de la estación parecía dedicada al transporte de mercancías.


Había dos enormes montacargas capaces de bajar hasta un coche de buen tamaño, y cuatro montacargas más pequeños, además de unas cuantas básculas de las que sólo una conservaba una parte destrozada de la esfera.



En esta zona también había una taquilla pequeña, con cuatro ventanillas recortadas en la rejilla,a modo de jaula.



En el interior encontramos una pequeña caja fuerte que había sido forzada de muy mala manera, probablemente con un soplete.



Separadas por una valla a la altura de los montacargas pequeños se encotraba la zona de pasajeros, con una gran taquilla, una caseta de información hoy repleta de escombros y las escaleras de acceso a los andenes.

Lo más sorprendente de este lugar es ver que era una isla de soledad en un mar de gente. A cada momento so podía oír el ruido de los trenes, las sirenas, los ruidos y pasos de la gente que seguían su vida al otro lado de las ventanas de esta estación fantasma. Asomarse por la ventana y ver la nueva estación de cercanías, tan luminosa y limpia, mientras alrededor sólo hay polvo y desolación es una sensación única.



Con el sonido de los trenes y la gente no hacía falta mucha imaginación para poblar ese vestíbulo con fantasmas en ropas antiguas, en vueltos en abrigos largos con sombreros y gorras, arrastrando pesadas maletas de piel y consultando su reloj de cadena para ver cuanto quedaba para la salida de su tren, mientras en el otro lado de la sala los estibadores ferroviarios cargaban y facturaban mercancías. Luego volvías a la realidad y te encontrabas con el polvo, las heces de las palomas, la que entra por las altas ventanas y el apagado sonido de tus pasos.

Desde el vestíbulo se podía acceder al edificio oeste, a través de una ventana con una malla metálica rota y cruzando un patio de luces.

En esta zona se encontraban las oficinas. También muchas habitaciones de madera. Varios separadores de habitaciones eran de cristal, pero estaban destrozados… Daba un poco de miedo pasar por debajo de esos cristales afilados….
Las vistas del vestíbulo de la estación desde este edificio también eran de lo más impresionante.



Esta zona estaba en bastante mejor estado de conservación que la primera, probablemente porque no se ha utilizado en las obras de la nueva estación. Aún se encontraban papeles aquí y allá, e incluso algunas cintas de vídeo tiradas en un rincón. Los armarios empotrados, vacíos excepto por el polvo, aún se conservan bastante bien, junto con algún mobiliario metálico polvoriento.



En esta zona vivía o había vivido gente recientemente. Encontramos una mesa con velas y restos de comida y bebida. Las pintadas de las paredes hablaban de una especie de comuna, pero era difícil saber si esa noche habían dormido allí o no.



En los pisos superiores encontramos aún más oficinas, y esta vez con armarios, mesas y sillas arrumbadas.



Subiendo un piso más llegamos a la cúpula de la torre oeste. En esta habitación encontramos una enorme cantidad de documentación de RENFE que aún sigue allí. Miles de carpetas con documentos en estanterías y tirados por todo el lugar. El más antiguo que encontré era de 1968. El papel viejo tirado por doquier y las altas estanterías metálicas deban a la habitación el aspecto de la biblioteca de un loco furioso.



También en esta zona encontramos la maquinaria de los ascensores, aunque en este caso estaba mucho mejor conservada. Incluso había una lata de grasa por allí.

Una vez de vuelta en el vestíbulo nos aventuramos por las escaleras que comunicaban con los andenes. Había dos enormes ascensores varados para siempre en el fondo. Las escaleras tenían un aire elegante y majestuoso a pesar del tiempo, y el mármol y los azulejos que las decoraban aún aguantan el paso del tiempo.



Al final del primer tramo, a través de una ventana pudimos ver un enorme espacio vacío y oscuro. A una altura de unas dos o tres plantas más abajo se podía ver lo que parecía un tragaluz o algo parecido. En sus bordes se podía ver luz, por lo que pienso que debajo puede haber túneles o la estación del metro. El sitio parecía una enorme cueva artificial. Por cierto, que bendita linterna, que me permitió observar cada rincón

Más abajo estaban el acceso a los andenes, hoy tapiados. Al otro lado se encontraba la estación de cercanías hoy en uso.

A un lado de las escaleras principales alguien había tirado una pared de ladrillo de aspecto reciente. Al otro lado, en la más absoluta oscuridad, unas viejas escaleras que daban a un acceso tapiado y lleno de letreros viejos, muebles y polvo. Un almacén de deshechos. No había nada demasiado antiguo, sino que parece que usaron el lugar para quitar de en medio cosas de la nueva estación.

Encontramos otras dos escaleras, una dentro de las taquillas que llevaba a un par de habitaciones con una caja fuerte, un par de taquillas y unos viejos teléfonos, además de la basura habitual.

La otra, junto a los montacargas de los que hablaba al principio, llevaba a un muro tapiado tras bajar un par de pisos. Como cosa curiosa, encontramos un carrito de aluminio como los que se usan para llevar las cajas grandes de herramientas y unas cizallas de tamaño mediano nuevas… A saber que hacían allí.

Después de aquello tiramos para fuera y fin de la excursión. Al salir había un par de personas cargando una furgoneta… Nos miraron con cara rara (o al menos eso me pareció ver de reojo, aunque pudo ser paranoia), pero no dijeron nada.

Y esa fue toda la historia… Con que os haya gustado una décima parte de lo que a mi meterme en ese lugar varado en el tiempo me doy por satisfecho.

Enlaces:

- Google maps ofrece en Madrid su aplicación Street View, que nos permite hacer un recorrido virtual por las calles adyacentes a la estación.

- En la Wikipedia hay un completo artículo sobre la estación que he usado como referencia para la introducción histórica.

- Un artículo bastante completo sobre la estación, que incluye algunas fotos antiguas de la estación.


Salu2!

12.2.09

EQ7. Vagones de pasajeros abandonados.

Llegar el último a una euroquedada es, por un lado, una pena, ya que muchas veces te pierdes cosas que hacen que al ver las fotos lo lamentes mucho. Sin embargo, tiene la ventaja de que puedes volver a sitios ya vistos y que compensan una nueva visita por parte de los que ya estuvieron, y que sabes que van a ser interesantes. Este fue el caso de estos vagones, que previamente sirvieron de escenario a Stewie para montar su particular belén navideño.

La red ferroviaria que rodea Paris es una auténtica pasada. Durante mi estancia en París, después de comprobar que las autopistas eran un auténtico desastre que parecen estar en hora punta durante todo el día, nos movimos casi exclusivamente usando trenes y metro.
Cerca de las estaciones suele haber bastantes vagones de carga en mejor o peor estado, pero los vagones de pasajeros son bastante más raros de encontrar.

Nos llevó un buen paseo llegar desde la estación más cercana hasta donde estaba esta convoy abandonado. Visto desde atrás, desde donde nos acercamos, apenas parecían un par de vagones olvidados. Por desgracia, estaba tan entusiasmado por subirme a hacer fotos del interior que se me olvidó tomar alguna foto del exterior mientras aún era de día.

La primera sorpresa fue averiguar que no se trataba de un vagón de pasajeros normal, sino un coche cama. La estructura de cada vagón era la misma. Un pequeño espacio abierto en los extremos y un estrecho pasillo en un lateral.



Curiosamente, algunos de los vagones debían de estar “al revés”, ya que a veces el pasillo estaba a la derecha y otras veces a la izquierda. Los compartimentos eran todos iguales, con sus pequeñas diferencias de pintadas, humedades y basuras variadas. Con las literas cerradas el espacio era bastante escueto, aunque cabrían cuatro personas sin problema.



A la hora de dormir, el respaldo del asiento giraba sobre los goznes de la pared y se colocaba en posición horizontal, sujeto con un par de tiras que colgaban del techo. A pesar de que no tenían aspecto de ser unas camas muy cómodas alguien parecía haber estado viviendo una temporada en este compartimento, por la cantidad de trastos que había.



En uno de los extremos de cada vagón había un diminuto servicio con un wc, un pequeño lavabo de plástico y poco más.



En las fotos, con el objetivo angular, parecen mucho más grandes de lo que eran en realidad. Más que una habitación, lo que parecían eran armarios empotrados.



En todos los vagones se podía ver el sistema de frenado hidráulico de los vagones. Supongo que se utilizarían en caso de emergencia o para bloquear los vagones cuando no estuvieran enganchados a a una locomotora. En los primeros vagones que vimos la puerta estaba cerrada, pero en otros, como en este, la enorme rueda amarilla llamaba mucho la atención. Por cierto, que no había manera de girarla.



Tras los coches-cama encontramos varios vagones de pasajeros, esta vez con asientos.
Los primeros de ellos tenían unos asientos con aspecto de ser más modernos, por su diseño. Parecía que los asientos habían sido desmontados previamente, ya que algunos de ellos estaban amontonados en los laterales, pero sin que pareciera que hubieran sido arrancados.



Sin embargo, en otros vagones, los asientos estaban totalmente desparramados por todo el vagón. Algunos de ellos permanecían en su sitio, pero eran la excepción.



El último vagón era distinto y parecía más antiguo. Los asientos estaban forrados de piel sintética en vez de tela como el resto. Además, estos sí estaban firmemente anclados al suelo, de manera que casi todos estaban en el lugar que les correspondía.



Cuando terminamos de recorrer el convoy apenas quedaba ya luz del día. Las últimas fotos que saqué las tuve que hacer con la única luz de la linterna, la polución lumínica de París, que daba un cielo un tono anaranjado, y unas pocas farolas cercanas a las vías.



Esta ha sido la primera vez en que me he encontrado con vagones de pasajeros. Los vagones de carga son mucho más habituales, pero carecen del encanto de estos.
Sólo hace falta un pequeño esfuerzo de imaginación para sentir el traqueteo de las vías y el suave balanceo que un día les fue tan familiar. Adivinar los fantasmas de los pasajeros que subían y bajaban de los vagones, descansaban en las literas o comían en las pequeñas mesas plegables tampoco es muy complicado.



A pesar de los cristales rotos, las puertas arrancadas y las pintadas en las paredes.

Salu2!