8.11.11

Fábrica de piensos abandonada

Nuestra siguiente visita fue una pequeña fábrica de piensos. Tras un pequeño rodeo dimos con la puerta trasera abierta de par en par. La parte trasera sólo tenía un montón de malas hierbas y varios establos de cemento sin el mayor interés, de modo que nos dirigimos al edificio principal directamente.

La zona por donde entramos estaba situada directamente debajo de los gigantescos depósitos de pienso. Una serie de compuertas bajo los depósitos y unos canalones conducían el producto hasta un tornillo sin fin que servía para transportar el pienso.



Una vez allí empezamos a oír voces. Afinando el oído dedujimos que había al menos tres personas, y por el tono pensamos que había una o varias mujeres.
Discretamente nos dirigimos a las voces para saber a qué atenernos… Descubrimos que habíamos acertado en el número solamente. Se trataba de tres chavales de unos 13 ó 14 años. Les saludamos y seguimos a lo nuestro. Lo divertido es que durante una hora más o menos dejaron de pegar voces y a veces los veíamos observándonos desde alguna ventana.

En el patio trasero de la fábrica se observaban los enormes depósitos que eran lo que más llamaba la atención del lugar. Justo debajo estaba el edificio por el que habíamos entrado.



En mitad del patio, como el juguete roto de un gigante, encontramos una enorme… ¿Chimenea? ¿Tolva? No debía de llevar mucho tiempo allí porque apenas tenía óxido.



El edificio de la derecha parecía bastante más antiguo que el resto de la fábrica, y su estado era francamente malo en comparación. El techo había desaparecido y estaba lleno de hierbajos. A la derecha había tres portezuelas de lo que parecían ser antiguos hornos. Mi compañero de excursión encontró una camada de gatitos recién nacidos en uno de ellos. Por suerte la madre no andaba por allí. Si no, probablemente habríamos salido con algún arañazo de allí.



En el edificio más cercano a la entrada original, con su enorme puerta bien cerrada, encontramos los restos de la oficina. Lo cierto es que era poco más que una habitación grande y un par de almacenes.



El resto del edificio servía de vivienda: cocina, baños aunque ningún salón como tal. Todas las habitaciones tenían más o menos el mismo tamaño a ambos lados de un enorme pasillo.



En la planta superior estaban los dormitorios, alguno de los cuales aún conservaba algo de mobiliario, aunque en un estado bastante precario.



De los baños apenas quedaban algunas bañeras y poco más. Menos mal, porque un abandono sin bañeras parece que le falta algo… Lo mismo que cuando no encuentras alguna silla.



Tras recorrer la casa nos dirigimos al edificio de la fábrica donde estaban los chavales y que habíamos dejado para el final, por aquello de no tener gente en medio de las fotos. Por suerte se habían marchado ya, así que pudimos fotografiar a placer.

Lo más curioso era una máquina que aparentemente servía para llenar sacos con pienso. Lo curioso es que, a diferencia de la mayor parte de la maquinaria que solemos encontrar, esta estaba hecha en su mayor parte de madera, en vez de metal.



El resto de la estancia lo componían varias tolvas con canales metálicos con tornillos sin fin en su interior, para transportar el pienso hasta la máquina anterior.



En esta foto se aprecia perfectamente el tornillo sin fin. Lo que había por el suelo era una cantidad ingente de excrementos de paloma, por lo que tuvimos cuidado de no levantar mucho polvo por el bien de nuestra salud.



La fábrica no era muy espectacular, ni tenía mucha maquinaria, pero desde luego valió la pena echarle un vistazo. Lo curioso es que no encontramos muchas pintadas ni excesivos destrozos, a pesar del fácil acceso al lugar. Es una pena no encontrar más sitios así.